Divorciarse es una de las principales causas de estrés. El desgaste de los últimos tiempos del matrimonio, las presiones familiares, las de los hijos, los reproches mutuos.... en fin, suficiente material para dos novelas de terror. Generalmente se quiere terminar lo antes posible con la situación dolorosa, pero descuidar el aspecto financiero suele empeorar las cosas y hace que los problemas se prolonguen mucho más en el tiempo.
Convengamos que en una situación de separación nadie gana, pero es muy común que nosotras perdamos más. En general, no queremos poner las cosas en términos económicos -no sea cosa que crean que somos "ambiciosas"- y tratamos de evitar la confrontación a toda costa.... y obvio, para evitar una discusión "a toda costa", hay que ceder. ¿En cuánto? En general depende de la generosidad del otro. Resumiendo, generalmente recibimos lo que nos dan y bien contentas.
¿Se acuerdan de la película "Un toque de distinción"? Hay una escena en la que el personaje de Glenda Jackson cuenta que había hecho un buen acuerdo de divorcio: tenían dos autos y dos hijos. El se quedó con los autos, ella con los hijos. El no le pasaba pensión y ella tampoco. Genial...
Aunque la legislación de la mayoría de los países acuerda en que el reparto es mitad y mitad, el problema principal es que, en lo más inconciente, ni hombres ni mujeres creen que esto deba ser así. Los hombres creen que el aporte de la esposa al patrimonio familiar ha sido mínimo o, por lo menos, menor que el de él y, lo más patético es que las mujeres, en algún sentido, pensamos lo mismo. De ahí que los resultados sean lo que normalmente son: los que pierden calidad de vida son la mujer y, por añadidura, los chicos.
Mágicamente, los padres más amorosos y responsables sienten que, cuando le entregan dinero a la ex esposa, ella no lo gasta en las cosas necesarias para los chicos, sino que invierte los 150 pesos en el visón ese que seguro tiene en el placard pero que lo esconde para que él no lo vea y crea que se los gastó en eso. ¿Con qué comen, entonces, mis hijos? o ¿Qué clase de visón se compra con esa plata? Esas preguntas no se las hacen jamás.
La clave para salir lo mejor parada posible está en cómo se enfrenta la situación. Sucede que, por más lúcida que se sea, en una coyuntura como esta, se está obnubilada. Además, hay que tener en cuenta que lo que uno cree es una cosa y muchas veces lo que la ley dice es otra bien distinta. Entonces necesita ayuda profesional sí o sí.
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