El primer plano es increíblemente valioso;
como un triunfo en una partida de bridge
Billy Wilder
Esto no tiene nada que ver con las otras cosas que yo hago, salvo que siempre estudié música, que me gusta la música... y si bien en una época toqué el saxo en un programa de televisión no es algo con lo que me identifique, dice Inés Molina, rubia y menuda, detrás de unos diminutos anteojos oscuros, refiriéndose al programa que dirige y produce para el canal Bravo de Estados Unidos y que en Argentina se ve por la señal Films & Arts.
Sucede que la música tiene muchos caminos y cuando elegís uno se convierte en poco menos que excluyente... casi no te deja hacer otra cosa. Si te acercás desde la perspectiva de los clásicos, aprendés a leer música, a interpretar una obra; pero no podés hacerlo sin partitura, no podés entrar por el lado de la improvisación... es un camino muy difícil y a lo mejor te lleva a ser excelente ejecutante pero te limita en otras cosas.
Después está el camino de tocar de oído y avanzar por el lado de la música folklórica, por ejemplo, que tiene sus reglas, sus ritmos... y que también lleva muchos años hasta lograr un estilo propio. Después está el jazz...son tantos caminos, y cada uno es tan rico, profundo y difícil que si yo hubiera sabido eso cuando tenía seis años hubiera ganado muchísimo tiempo, ¿no? Y de estas cosas también habla el programa, porque la gente que no sabe música desconoce esas diferencias: a mí también me llevó mucho tiempo entender ciertas cosas, por ejemplo, que existía la posibilidad de la improvisación pero basada en armonías.
Con los años me di cuenta de eso. Y como empecé estudiando
clásico me costaba muchísimo pensarlo de esa
manera. Los caminos no sólo te definen sino que te vuelven
muy dificil acercarte a otras formas y también hay una
dependencia del instrumento.
- ¿Cómo es eso?
- Yo tuve distintos instrumentos; con el piano fue así: tuve una profesora
que era pianista y me enseñó lo típico: Bach y todas
esas cosas. Era buenísima. Después tuve otros problemas de tipo...
digamos, si yo estudié música fue por mí; mi familia no
me ayudó para nada. Desde los seis años quería estudiar
piano pero no tuve uno en esa época; recién cuando mi mamá se
separó de mi papá y después tuvo otra pareja que tenía
un piano, ahí empecé a tocar. Pero cuando me fui (con su familia
al exilio) el piano quedó acá y dejé de tocar. Fue un poco
dramático. Nunca más tuve un piano y empecé a estudiar arpa
clásica en Europa -estuve cuatro años en el conservatorio- y después
nos quedamos sin plata con mi mamá (su madre, ex modelo y actriz estuvo
exiliada en Francia en los años '70) y no podía pagar el alquiler
del instrumento. Y me quedé sin nada hasta que volví al país,
trabajé, junté plata y me dije "ahora voy a tener mi instrumento,
já!", y me compré un saxo... .
Hace una pausa y la voz tiene otro tono cuando retoma el relato, como si después
de haber alcanzado un sueño regresara a una realidad obligatoria: Que
tampoco tenía idea de cómo era; después me dí cuenta
de que tampoco era el instrumento porque no te podés acompañar,
solamente podés tocar, no podés cantar y tocar, no podés
hacer acordes porque te permite solamente una nota por vez... me gustaba, pero
le fui encontrando esas limitaciones con la experiencia.
- ¿Cuál fue la etapa siguiente?
- Después empecé a tocar en grupos; pero tampoco me gustaba tocar
el saxo así, porque tenía ganas de tocar con otros, hacer una sesión
de vientos... y me parecía un plomazo hacer un "solo" de saxo. Después
tuve un bajo en mi casa y tocaba de oído, me divertía y hacía
canciones... a veces con guitarristas o grababa: tenía una máquina
para grabar y le agregaba un piano, le ponía un bajo, una voz... Después
me uní a una guitarrista, armé varios grupos... Una vez salí preseleccionada
en un premio que daba Yamaha para ir a grabar a Japón.
- ¿Cómo fue eso... ?
- Tenía un grupo y había grabado una canción mía
y salió finalista, pero me puse tan nerviosa el día que tuvimos
que tocar que me fue mal (remata con una risita breve). Pero antes, cuando recién
habíamos regresado hicimos una canción en francés con mi
hermana (Juana Molina) y ganamos un premio de la Alianza: pasajes para
las dos; así que nos fuimos a Francia. Porque yo había vuelto justo
cuando estaba terminando el gobierno militar y la gente estaba completamente
horrible, ciega, no se daban cuenta de nada de lo que pasaba y... no tenía
comunicación, porque nadie sabía lo que estaba pasando. Y por otra
parte quería estudiar en la universidad y me decían que no... que
tal profesor... era todo muy raro para mí que venía de un país
totalmente distinto, con otra mentalidad, donde tenía mis amigos... y
me quería volver. Y me volví. Pero no tenía mucho presupuesto,
apenas el pasaje; no tenía ni nacionalidad europea, ni profesión;
o sea que me rebusqué como pude pero tampoco me fue demasiado bien. Estuve
en España, después en Austria: viví ocho meses en Viena.