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El fin de la fantasía argentina, visto por un portugués

| Jorge Nascimento Rodrigues en Buenos Aires | 5.Diciembre.01 |
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El primer paseo a pie por las calles de la bonita capital argentina nos da rápidamente algunas lecciones de economía gratuitas que nos hacen aprender de memoria tres palabras claves: bancarización, vida cara y clase media.

El extranjero queda sorprendido por las colas interminables de «porteños» (como son conocidos los habitantes de Buenos Aires, una ciudad que nació de las oleadas inmigratorias italianas y españolas -sobretodo gallegas- desembarcadas en su puerto), en la puerta de los bancos o de los cajeros automáticos. En las dos últimas semanas, fruto de las medidas de congelamiento parcial de los depósitos bancarios, mucha gente abrió por primera vez una cuenta bancaria o sacó una simple tarjeta de débito. Súbitamente, la mayoría se vió obligada a dejar de circular con dinero en efectivo - ya que no puede retirar más que 250 dólares por semana - y tiene que habituarse a realizar pagos a través del "plástico", práctica que nosotros, en Europa, consideramos de lo más común.

La incredulidad del forastero aumenta cuando comienza a calcular mentalmente el costo de vida urbano en la capital argentina - un litro de gasolina, un almuerzo en el restaurante de la esquina, el estacionamiento, una botella de agua mineral, un alquiler o el precio de venta de un departamento, la ropa en un negocio de barrio, o, por ejemplo el costo de un boleto de autobús, en una metrópolis donde no existe un abono que combine más de un transporte, como es tan frecuente en Europa. Y, descubre que esos precios existen, en una ciudad cuyo PBI per cápita es similar al de la región de Lisboa y Vale do Tejo. Esos precios «esenciales» sólo serían, habitualmente accesibles a ingresos de la clase media alta portuguesa. Las estadísticas actuales muestran que los precios al consumidor han sufrido deflacción en los últimos seis meses - por lo tanto, imagínese, que el costo de vida era todavía más elevado!

Dos tipos de pesimista

El misterio se acrecienta cuando, recorriendo de punta a punta, las diagonales y calles de Bs. As. (acrónimo de la capital) uno queda sin habla con la densidad de predios y condominios con portero y «mucamas» (empleadas domésticas), que transpiran clase media alta, en un país que está al borde de la bancarrota, que desde el último trimestre de 1998 está en abierta recesión, y que, desde los años 20 del siglo pasado, perdió su esplendor de «la Europa del Atlántico Sur».

Pero, a pesar del pesimismo en las conversaciones cotidianas y del aumento del 300% en las corridas al psicólogo, el argentino de clase media continúa manteniendo la pose elegante y no quiere afrontar la declinación histórica en la que el país se sumergió en los últimos 80 años y alimenta la fantasía de que los últimos 18 años de democracia le devolvieron el estatuto de ciudad de un «país rico» que tiene un PBI per cápita que es el 69% del portugués. Los intelectuales más lúcidos afirman que los argentinos tienen dificultad para de «asumir la realidad». Los brasileros dirían - para «cair na real».

Nos damos cuenta, entonces, que el argentino «medio» se divide entre los pesimistas pragmáticos y «ágiles» - que pudieron colocar alguna «plata» en el exterior, aunque más no sea en el vecino Uruguay, al otro lado del Río de la Plata - y los pesimistas que están literalmente de espaldas contra la pared, a los que sólo les queda ejercitar la «bicicleta» financiera todos los días del mes.

La paradoja de esta economía urbana se agrava cuandos se sabe que no hay crédito individual que pueda hacer disparar el consumo típico de las democracias capitalistas y que el crédito para inversiones cuesta un ojo de la cara, sobretodo a los micro y pequeños empresarios, con intereses entre 30 a 50% y con los bancos asegurándose su rentabilidad con «spreads» del orden de los 20 puntos o más. Resulta, por eso, un verdadero milagro ser PYME en Argentina y crear empleo sostenidamente.

Como consecuencia de ello, el 28% de la población activa esté desempleada o sub empleada, aunque las estadísticas del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) muestren el 16,4% de desocupados y el 9,4% de sub ocupados, dichos güarismos corresponden a mayo/01, fecha desde la cual se han incrementado. Además, el trabajo «en negro» alcanza al 39% de los asalariados.

Renacimiento del rentismo

La democracia recobrada en los años 80 no interrumpió el proceso de destrucción del tejido emprendedor argentino, en los que se empeñaron desde los años 30 las dictaduras militares y los gobiernos «voluntaristas» populistas, como los designan los estudiosos académicos. La corta excepción de las políticas del «desarrollismo», al final de los años 50, no hizo escuela y Argentina perdió la oportunidad de un «take off» del tipo que vivieron los «tigres» asiáticos y europeos. Se cuentan con los dedos de la mano los grupos empresariales argentinos con carácter multinacional que apostaron a la reinversión, se concentraron en su negocio y declinaron el perfume de los dólares o de las pesetas que les proponían dejar sus empresas en manos de las multinacionales extranjeras.

El país exporta apenas el 11% de su PBI (comparativamente Portugal exporta 30%) e inclusive sus «clusters» considerados más dinámicos orientados a los mercados brasileros y europeos - que representan 50% del comercio exterior - sufren el hecho de que el peso argentino (una moneda en muerte lenta) está ligado al dólar norte-americano (en una relación cambiaria oficial de 1 a 1), y por eso artificialmente valorizado en relación con el real brasilero y al euro europeo desde 1999. Se dice que hace falta apostar a «vocación exportadora» en un país que tiene buenos cuadros, reservas de conocimientos, cosmopolitismo y productos naturales de gran potencial.

El movimiento de privatizaciones de la década de los 90 solo agravó la transición hacia un capitalismo poco emprendedor dominado por un entramado social en el que se juntan los nuevos latifundistas, una burguesía «compradora» ligada al extranjero, un enorme aparato estatal (central, provincial y municipal) responsable de un déficit público de 10 mil millones de dólares (11 mil millones de euros), y una banca, que vive, sobretodo, de lo que los economistas denominan «rentas». El extracto alto de este rentismo vive hoy en unos 300 «countries», barrios privados fuera de la capital y se observa la tendencia de que algunos ejecutivos se desplazan hacia Buenos Aires en helicóptero (segmento de negocios todavía muy bajo pero en crecimiento).

El problema del complejo rentista es que no tiene base de competitividad internacional en el sentido que le dió Michael Porter. Sus glórias son 130 mil millones de dólares (aproximadamente 146 mil millones de euros) en depósitos por parte de empresas y particulares en el extranjero - o sea, 46% del PBI del año pasado, y casi tanto como la deuda externa del país. Esta última llegó a un nivel que «compromete» más del 50% del PBN argentino y como que «amarra» más de la mitad del PIB per capita.

En términos de deuda externa per cápita, es la más alta entre los cinco países «emergentes» más conocidos - segun datos del Banco Mundial, cada argentino ya «debía» 4173 dólares (cerca de 4700 euros) en 1999, o sea 5 veces más que un ruso, 3 veces más que su vecino brasilero y 2 veces más que un mexicano (ver cuadro).

Deuda externa comparada (datos de 1999#)
País «emergente»
Deuda
(en mil millones de dólares)
Deuda per cápita (dólares)
% do PBI
per cápita
% do PBN
Brasil
242,7
1427
37
41
México
172
1780
40
36
Argentina
154,4
4173
55
54
Rusia
130,9
895
51
68
Chile
35,9
2393
52
53

# Ultimos datos disponibles en los 5 países
Fuente: Banco Mundial, www.worldbank.org

El saqueo español

Ese movimiento de los años 90 trajo además otro mal psicológico - el argentino «medio» está hoy indignado con lo que designa el «saqueo» español. El primer impacto fué positivo para la economía argentina - la apertura implicó un ingreso de inversiones directas extranjeras jamás vista. Seis mil millones de dólares (6,7 mil millones de euros) sólo en 1995.

Los grupos españoles irrumpieron en escena - pero algunos hoy son acusados de haber causado lesiones graves en el tejido social; concretamente Repsol, que se quedó con YPF (la petrolera) e Iberia (nota de la traductora, para el tema aerolíneas y el malestar español ver notas) que controló Aerolineas Argentinas en una primera etapa.

Los bancos españoles - concretamente el BBVA y el Santander Central Hispano - son hoy acusados de estar a la espera para aprovechar el descalabro de la banca argentina y la tradicional desconfianza de los argentinos al sistema bancario nacional.

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